Novela Romántica Erótica

Capítulo 1

*Si no has leído «Loco, Sexi y Millonetis» y piensas hacerlo, aviso de que este texto contiene Spoilers.

«Loca, Sexi & Mentirosa»

—¡Sesenta segundos! —grita alguien.

«Joder… ¡¿cómo me he dejado convencer para embarcarme en esta locura?!», pienso acojonado.

Estoy fuera de plató observando cómo el equipo técnico ultima detalles para grabar hasta la más mínima expresión de mi cara.

—¿Listo? —me pregunta un tío que no parece aceptar negativas.

Asiento obviando mi taquicardia. «¡¿Quién me mandará a mí…?!».

Cierro los puños con aprensión.

Si alguien me hubiera jurado hace un año que terminaría vendiendo mi alma de esta forma, lo hubiera tratado de loco.

¿Yo, en un programa de buscar pareja? ¡Si los odio más que a nada!

Están completamente guionizados con la única intención de volvernos locos, obligándonos a debatir absurdeces que se escuchan en ellos, solo para defender al resto de la raza humana de semejantes ejemplares…

Son un insulto para la gente que madruga y se esfuerza por levantar un país donde un pelotón de analfabetos que se pasa el día en el gimnasio son venerados como dioses y cobran por romantizar actitudes misóginas y machistas.

¡Y ahora yo seré uno de ellos!

 Pero Isa tiene razón… Nunca me dejarán en paz. El acoso de los medios va en aumento desde que se enteraron de que era virgen y esta es la única manera de terminar con todo: hacer pública mi vida sentimental. Y si encima me pagan un pastizal por ello, pues…

Se escucha cerrarse una puerta y veo avanzar a mi hermana con garbo hacia mí. Lleva un pinganillo en la oreja y una carpeta en la mano, pero es su sonrisa la que me grita que es la persona más feliz del mundo por presenciar en primera línea la mayor vergüenza de mi vida.

—¿Estás nervioso? —Me acaricia un hombro al llegar.

—Más que Pinocho en un incendio…

La oigo partirse de risa y sonrío internamente sin exteriorizarlo.

—¡Olvida las cámaras y sé tú mismo! —me aconseja animada—. Estás guapísimo, de verdad… Lo harás genial.

Su seguridad logra contagiarme un segundo, hasta que la imagen del Alien vuelve a mi mente. «Dios…». Todavía no he olvidado la que armó hace una semana en la boda, después de soltarme que iba a formar parte del programa de televisión.

—¿Has conseguido lo que te pedí? —le pregunto a Isa con aprensión. La mueca de su boca presagia malas noticias.

—Ha sido imposible… —se lamenta—. ¡Te juro que anoche gastamos hasta el último cartucho! Miguel ha estado toda la semana haciéndole chantaje emocional a su hermana para que no participe, pero no ha habido manera de convencerla… Cree que esto lanzará su carrera como actriz.

—¿Y no le importa que sea a costa de mi estrés postraúmatico?

—Tampoco exageres, por Dios…

—Pues así lo llamó mi psicóloga. ¿Sabes cuánto me jode todo esto?

—Sí, lo sé…

—¡Pues no entiendo cómo Cristian lo permite! —gruño cabreado.

—Cristian quiere espectáculo. Y Sheila es espectáculo puro…

—¡Treinta segundos! —nos advierte un auxiliar, temiéndose que eche a correr en cualquier momento. Un tío listo…

Inspiro hondo para no hacerlo e intento luchar contra el hecho de que no quiero verla. He logrado esquivarla toda la semana, pero ya no tengo escapatoria. Sheila es como el espíritu de una casa encantada, y esos no se van hasta que te plantas delante de ellos y les preguntas qué coño quieren con chulería.

La cosa es que ya lo sé… Ella misma me lo dijo.

Ha vuelto para reclamar algo. Su dignidad. Y sabe que solo lo conseguirá haciendo que yo pierda la mía.

—¡Dentro Luis!

Noto que me empujan hacia la luz más rápido de lo que quisiera. Miro a Isa alucinado y su pulgar hacia arriba no me ayuda nada, y menos, acompañado de esa sonrisa socarrona. «¡Qué cabrona!».

Para ella esto es diez veces mejor que irse de luna de miel, lo sé.

Las luces caen sobre mi metro noventa y mi 14% de grasa corporal cegándome por completo, pero sigo caminando como he prometido.

Por un momento solo escucho aplausos. Cuando logro enfocar la vista, localizo a la presentadora.

La he conocido hace unas horas, es una mujer famosa cuyo nombre no consigo recordar. Detrás de ella intuyo a las concursantes y una vergüenza maligna me devora.

«Madre de Dios…». ¡Puede que termine enamorándome de una de ellas! Esto es violento. Forzado. Incómodo…

—Bienvenido, Luis. ¿Cómo te encuentras?

Estoy a punto de contestar que como M.A. en un aeropuerto, pero me callo y sonrío como hemos ensayado.

—Muy nervioso, la verdad… y emocionado.

—Tranquilo, son ellas las que tienen que estar nerviosas, al fin y al cabo, tú eliges con quién te quedas…

Miro a las chicas por un instante, pero aparto rápido la vista. No quiero que piensen que soy un pervertido al que solo le importa el físico, porque no es así; busco cosas muy concretas en una pareja y se las hice saber al programa por activa y por pasiva.

He contado doce chicas a simple vista. Seis delante y seis detrás. Están de pie, esperando a ser elegidas por mí… No he distinguido a Sheila. Ni ganas. Es tan peligrosa…

Solo recordar cómo intentó burlar a mis escoltas en la boda para acercarse a mí, me da escalofríos. Esperó al ambiente distendido de los aperitivos, aprovechando que los novios no estaban, pero yo me había atrincherado con astucia entre Cloe y Lorena esperando su diabólica emboscada, y cuando se dio cuenta de que tenía guardaespaldas, sonrió perversa.

—¿Tanto miedo me tienes? —dijo al notar la distancia impuesta.

—Si en tu cabeza miedo y asco son lo mismo, entonces sí…

—¡Qué borde, Luigi! Encima de que vengo a disculparme…

—Ahórratelo. Sé muy bien a qué vienes…

Que en ese momento sus ojos cayeran despacio por mi traje de Hugo Boss con una expresión lasciva, me dejó paralizado de pies a… ingle.

—Disculpa, ¿a por qué crees que vengo? —Me retó altanera colocando las manos en su cinturita de avispa. Estaba tan guapa… Tanto… Y mucho más adulta. Más poderosa. Más peligrosa que nunca con esa sonrisa alucinante en esos labios que… «¡Basta!».

—Nos importa una mierda por qué has vuelto —se adelantó Cloe a la defensiva—. Eres como el Guadiana, hija… apareces y desapareces a tu antojo, y ahora tu credibilidad es cero para todos, ¿te queda claro? —dijo herida.

—¿Tú quién eres, su nuevo perro guardián? Bueno, perra… —sonrío con malicia. Cloe apretó los dientes—. A Luis siempre le ha gustado recoger cachorritos abandonados… ¿Qué pasa, que tu amo te ha vuelto a dar la patada?

Sujeté a Cloe justo a tiempo para impedir que se lanzara sobre ella y rodaran juntas por el suelo con vestidos de gala. A Isa no le hubiera gustado mucho (a mí sí), pero la retuve y le dije al oído: «No le des la satisfacción de entrar en su juego, y a Niki tampoco, está mirando…». 

Por supuesto que el susodicho lo estaba observando todo desde su torre de marfil. Y puede que por eso me extralimitara un poco siendo más cariñoso de lo habitual con Cloe. Quería protegerla. Éramos amigos. Por eso la abracé contra mi pecho y le acaricié el pelo. 

Cuando vi la expresión de sorpresa de Sheila, me sentí Dios en la Tierra, pero al momento pareció recordar que iba a entrar en un programa en el que yo esperaba encontrar el amor y se recompuso entendiendo que no había nada entre nosotros. Sin embargo…

—¿Qué hostias está ocurriendo aquí? —Se presentó de mala leche el que faltaba. El que todavía no había llegado a la misma conclusión que ella y le desbordaban los celos por los ojos. Niki.

—Tranquilo, no están juntos —le aclaró Sheila con tranquilidad.

—Niki, déjalo… —Llegó Riki, nervioso. Era el protector del grupo.

—No te metas… Solo quiero saber qué coño está pasando…

—La vas a joder, Nik… Recuerda que ahora vas a ser padre…

Cerré los ojos al escuchar la clave de todo el asunto entrando por las orejas de Sheila.

Cloe giró la cara y la escondió en mi pecho al revivir el último motivo de disputa entre ellos, su próxima paternidad.

—Vaya, vaya, vaya… —murmuró Sheila sibilina—. Deberías escribir un libro, Niki, podría titularse: «Cómo cagarla a lo grande. Volumen uno».

—¡Cállate, Sheila…! Tú eres la reina de las cagadas —se defendió.

—Vámonos, joder… —le instó Riki a Niki, empujándolo—. Al final Gema se va a dar cuenta… —Pero el tío permaneció inmóvil cual roca.

—Vete, Niki  —intervino Sheila—. No están juntos, te lo juro. El hombre del momento va a protagonizar un programa para echarse novia y no tendría sentido si ya estuviesen saliendo…

—Como siempre, tu cerebro brilla por su ausencia —repliqué sin pensar—. Cloe también estará en el programa. No es más que un show televisivo para hacernos ganar dinero y empezar nuestra historia de cara al público, pero estamos liadísimos…

En esa ocasión fue Riki el que sujetó a Niki de su arranque mortal.

—¡No les creas, Niki! —insistió Sheila con los dientes apretados, y disfruté de la sensación de verla dudar—. Sé cuando alguien está actuando. Soy actriz…

—Yo también soy actriz —se adelantó Lorena—. Y con bastante más experiencia que tú, jovencita. Acabas de llegar y no tienes ni puta idea de lo que ha ocurrido aquí en tu ausencia, ni de la clase de hombre que es Luis ahora. Sea como sea, es demasiado para ti y tus pueriles artimañas de calientapollas. Míralo bien, ¡ahora puede tener a quien quiera!, incluso a alguien como Cloe, que una vez se enamoró de quien no debía y ya ha aprendido la lección y está lista para algo mejor…

Niki quiso avanzar de nuevo hacia mí para partirme en dos al verme con el amor de su vida en brazos, pero Kiki llegó como refuerzo y entre los dos se lo llevaron a rastras antes de que su mujer se diera cuenta de lo que estaba pasando.

La reacción de Sheila fue mucho más predecible. Se acercó a Lorena y le soltó:

—Patética interpretación. Igual que tus lágrimas en Pájaro azul… Es de lo peor que he visto en televisión. ¿Sabes? Tú eres mi gran esperanza, porque si has llegado tan lejos, cualquiera puede. Toma —le dio un pisotón alucinante haciendo que Lorena soltara un grito—. Esto por mentir tanto…

Ni siquiera pude gritarle nada. Me dejó alucinado…

«¿Mentir?», entonces ¿ella qué se merecía, la horca? ¡Porque era la reina de la mentira!

—¿Voy a ir al programa? —me preguntó Cloe sorprendida.

—Por mis huevos, o les diré que no lo hago. Niki se va a cagar…

—Y tú prepárate. Sheila no parará hasta que caigas en sus redes…

—Siéntate, por favor, ¡eres nuestro invitado de honor! —me ofrece la presentadora, sacándome de mis recuerdos y señalándome un trono dorado.

Al momento, me entra complejo de impostor. Yo no soy ningún  rey, joder… solo soy un hombre, delante de doce chicas, pidiendo que lo quieran… al más puro estilo Notting Hill. Lo que me perturba es que tenga que descartar a once para llegar a la definitiva. Bueno, a nueve. Porque Sheila y Cloe no cuentan.

Tomo asiento, reacio a echar otro vistazo a las candidatas aunque me muera de ganas, y me centro en la cara de la presentadora. 

«Házmelo rápido e indoloro…», le suplico con la mirada.

—¿Tienes ganas de conocer a las chicas? —me pregunta pizpireta.

—Sí… Lo estoy deseando…

—Me han dicho que a algunas ya las conoces…

Típico de la televisión, meter el dedo en la llaga a la mínima.

—Para mí todas parten de cero… —digo diplomático. MENTIRA. Sheila parte de menos cien. O ni eso. Ni siquiera parte de un número. Parte de un montón de símbolos que significan un insulto.

—Me alegro de oírlo, porque hoy, por ser el primer día, vas a tener que descartar a cuatro chicas antes de irte con el resto a la casa.

Al escuchar la noticia, no consigo controlar la emoción y sonrío durante una milésima de segundo. ¿Voy a poder echar a alguien hoy? Es decir… ¡¿Voy a poder echar a Sheila el primer día?!

Corrijo mi expresión y asiento cuando continúa sus explicaciones.

—Ahora las chicas se presentarán y podrás hacerles una pregunta a cada una para decidir a quién descartas.

—Perfecto —respondo sin mostrar lo entusiasmado que estoy.

—¡Pues no perdamos más tiempo! Aunque tú no necesites presentación, hemos hecho un breve reportaje sobre tu paso por el universo FitStar y tu gran transformación…

Aprieto la mandíbula y asiento, sabiendo que lo que voy a ver no me va a gustar. Porque le veré a ÉL. O sea, a mi YO de antes. Al antisocial. A alguien que nunca se miraba al espejo para no admitir cuánto se había abandonado. Y que ahora, al verlo, me avergonzaba infinitamente.

La primera imagen que aparece en pantalla me parece aberrante. No sé de dónde cojones la habrán sacado, pero es anterior al inicio del proyecto de ANTES&DESPUÉS con Miki… En esa foto todavía no había perdido los primeros diez kilos que perdí en nuestro viaje a la India con su comida de matasanos y se acentúa todavía más el cambio, el morbo y la esperanza para miles de personas de pasar de ese estado al que tengo en la actualidad.

«Qué mal…», pienso atormentado. Y qué dolor. Porque esa imagen es una patada directa a mi caja negra. Un lugar donde tengo grabada a fuego la vergüenza de todo lo que ocurrió con Sheila… Cada vez que veo una foto con el aspecto que tenía antes, me convenzo de que es imposible que deseara besarme de verdad… Y haberlo dudado por un momento, haber caído en sus redes, haberme dejado llevar por alguien que prácticamente iba vestida con conos naranjas de advertencia es lo que no me perdono. ¡Me los comí uno a uno, joder…!

Qué gilipollas fui… y qué débil.

Los silbidos sensuales del público hacen que vuelva a la realidad. 

Me doy cuenta de que las imágenes han cambiado y aparezco con Miki haciendo pesas, corriendo bajo la lluvia y quemando un kilo tras otro, rezando para que ciertos sentimientos intrusos también se desprendan de mí… Pero no lo hicieron. Se quedaron agarrados con uñas y dientes a mis tripas y no entendí por qué. Meses después, los recuerdos con Sheila seguían asaltándome cada dos por tres, de noche, de día, a todas horas… y me temí que nunca fueran a desaparecer. Y no es que la terapia hiciera milagros, en realidad fue Cloe la que me ayudó a distraerme de mi drama contándome el suyo propio.

El video termina y la gente aplaude efusiva, lo que me obliga a sonreír un poco en agradecimiento y a sonrojarme. «Lo odio…».

—¡Enhorabuena otra vez por ese gran cambio, Luis! Y ahora sí, vamos a por las concursantes. Empezaremos por las que ya conoces…

«Mierda…». Intento disimular mi turbación.

Las chicas se colocan en fila y cuando veo a la primera de ellas, sonrío al reconocerla. Es Cloe.

Al final concedieron que entrara. Les dije que necesitaba un apoyo dentro de la casa y me sorprendió que no rechistaran mucho. Supongo que fue porque es una chica muy vistosa y sus marcas en los cien metros apuntan a que acabará consiguiendo una medalla olímpica. 

Personalmente nos compenetramos mucho. Somos el triste ejemplo de que el odio une tanto como la música. O quizá fue el dolor lo que nos unió. O la soledad. O flipar por alguien que solo finge fliparlo contigo cuando le conviene y ser tan tonto de creértelo aun sabiendo que es imposible.

Su historia con Niki es muy tortuosa. Es un amor tipo «Quitaos de en medio, Romeo y Julieta, que os damos mil vueltas…». Quiero pensar que les estoy ayudando al colarla en el programa. Solo espero que Niki reaccione de una puta vez. Un hijo en camino no es excusa para joderte la vida; lo más probable es que se la estés jodiendo al pequeño.

Cloe se adelanta hasta una marca en el suelo donde deben colocarse las chicas para su presentación y empieza:

—Hola, me llamo Cloe Morgan. Soy deportista de élite y una de las mejores amigas de Luis en la actualidad —me sonríe con cariño—. Me presenté a este programa porque creo que un amor sólido debería empezar siempre por una profunda amistad… Recuerdo que la primera vez que vi a Luis pensé que era guapo y no me importaron sus kilos de más porque vi que tenía un gran corazón, y tal vez, ahora que él está preparado para encontrar el amor, podamos llegar a algo más gracias a nuestra gran complicidad…

Además de deportista era buena actriz. ¡Se había estudiado el párrafo que habíamos preparado y lo había soltado con una naturalidad perfecta para arrancarle el corazón a Niki.

—Una teoría muy válida —comenta la presentadora afable—. Luis, ¿qué te gustaría preguntarle a tu buena amiga Cloe? ¿Crees que se puede sacar a alguien de la FriendZone y pasar a ser algo más?

Respiro hondo antes de contestar lo que tengo memorizado.

—Claro… —sonrío con descaro—. ¿Quién sabe lo que podría surgir de un beso con una amiga a la que le tienes un cariño y admiración especial? Quizá sea nuestro momento… —le guiño el ojo.

El público chilla enloquecido al notar el coqueteo en mi voz y al ver cómo ella se ruboriza. Me imagino a Isa doblada de risa ante mi papelón de Oscar. Es la única que sabe toda la verdad.

—Nos queda claro que a Cloe no vas a eliminarla —comenta la presentadora—, pero ¿cuál es tu pregunta para ella?

—¿Qué no perdonarías nunca a una pareja? —formulo sin titubear, y ella le manda un mensaje a quien tiene que escucharlo…

—La mentira. Mentir es un cáncer que te come por dentro y contagia a quien se la cree. Un hombre con honor no tiene nada que esconder —dice con la convicción de quien ha sufrido un desengaño.

—Muy bien, Cloe. Gracias… Siguiente concursante… Es alguien que también conoces, Luis…

Mi pecho se comprime y mis ojos se clavan como un dardo en la siguiente chica para hacer diana en…

«¡No es ella!».

Mi ceja se eleva ante alguien con el pelo castaño claro que sonríe con timidez y juguetea con sus dedos nerviosa.

—Hola… Me llamo Patricia Montes… Quizá no te acuerdes de mí.

Me quedo descolocado. ¡No tengo ni puta idea de quién es!

Miro a la presentadora buscando una explicación y veo que sonríe maligna. ¿Por qué tengo la sensación de que esto no me va a gustar?

—Quizá te suene más como NotToday7

Agrando los ojos y vuelvo a mirar a la chica. «¡Claro, coño!» ¡Claro que me suena ese nickname, pero pensaba que era una niña friki de once años sin amigos!, no esa hermosura de mujer…

—Hola… —dice ella haciendo el saludo vulcaniano de Star Trek, ese que forma una V con los dedos centrales—. Me llamo Patri y… bueno… llevamos años jugando juntos on line. De pronto desapareciste de la noche a la mañana y… cuando empecé a seguir a Luis en FitStar no sabía que eras tú, solo creía que eras un buen chico con el que me sentía identificada. Gracias a ti empecé a perder peso… He perdido veinte kilos en nueve meses… —dice cohibida—. Un día, en un directo con Miki, mencionaste tu nick de jugador y me di cuenta de quién eras… Fue un verdadero shock —sonríe vergonzosa—. La verdad es que siempre me gustaste… y cuando me enteré de que ibas a hacer este programa, me presenté sin dudarlo. Les conté mi historia y les confesé que yo también soy virgen…

Se forma un gran revuelo entre el público, parecido al que yo tengo en el pecho. A la vez se me seca la garganta. «¿Virgen?».

—¡Menuda confesión para empezar! —celebra la presentadora como si fuera la reportera más dicharachera.

Parpadeo despacio intentando que el riego sanguíneo me llegue al cerebro o al menos a la boca. ¿Dos vírgenes? Suena a desastre…

—Luis, ¿tienes alguna pregunta para ella… o quieres decirle algo? —me anima la presentadora con voz de casamentera.

Intento disimular lo mal que me cae ya la moderadora.

—Vaya… qué sorpresa —consigo balbucear. Me palpita demasiado rápido el pecho—. Me encanta que estés aquí… Patricia, ¿no? Has dicho que empezaste a perder peso al verme en FitStar. Mi pregunta para ti es… ¿por qué no lo hiciste antes?

Ella se muerde los labios incómoda. «Ay… no hagas eso, por favor».

—Supongo que… no había encontrado una razón poderosa para hacerlo por mí misma… así que lo hice por ti. Tú fuiste mi razón…

Me quedo sin aire mientras recuerdo el estribillo de una conocida canción que dice algo así como «…and the reason is you…».

—¡Madre mía! —exclama la presentadora emocionada—. No sé qué pensáis en casa, ¡pero parece que el resto de las concursantes lo tiene bastante difícil…!

Ese comentario me hace volver a la tierra. ¿Se cree que ya estamos enamorados o qué?

—Gracias, Patricia… —carraspeo, despidiéndola yo mismo.

—Gracias, querida —añade la presentadora sonriente—. Bueno, nuestra siguiente concursante tampoco va a dejar indiferente a nadie… Ella es… nada más y nada menos… ¡que la hermana del mismísimo Miki de FitStar!

Bajo la mirada en un acto reflejo. Pero enseguida hago el esfuerzo de subirla y enfocarla en Sheila que sonríe ante la ovación del público. Seguro que en el diccionario, al lado de la palabra Sadismo, aparece una foto suya, porque aparece JUSTO con el maldito vestido vaquero de niña buena y tirantes sueltos con el que… ¡Me cagüen la niña… la pinta y la Santa María!

Mis carrillos se llenan de saliva sin poder evitarlo como si fuera un jodido animal salvaje. Y no ayuda que me clave la mirada de tal manera que hace que se autodestruya la chapa que me había dado a mí mismo por haberla superado.

—Hola, me llamo Sheila… —Su tono de voz es tan dulce que gano medio kilo solo de oírla—. Y además de la hermana de Miki, también soy la primera chica a la que Luis besó… Y no hablo del juego de la botella, sino de ese primer morreo que das en condiciones en tu vida.

El público estalla de risa. «¡¿Cómo se le ocurre decir eso…?!».

Me da la sensación de que todo el mundo sonríe menos yo.

—¿Es eso cierto, Luis? —me pregunta la presentadora sabiendo que es verdad, y al momento entiendo que esa información fue clave para que Sheila se hiciera un hueco en el programa. Morbo asegurado. Pero su participación se acaba hoy. Yo también sé contar verdades…

—Lo que no os cuenta es que me engañó para hacerse mi amiga y me robó ese beso sin yo pedirlo. Dada nuestra diferencia de edad y que Miki la había dejado a mi cargo al irse de viaje, yo ni siquiera me había planteado llegar a nada, pero me provocó hasta tal punto que me confundió solo para conseguir engañar a su hermano…

Aparto la mirada y dejo que los murmullos del público la hagan picadillo.

—Y lo que él nunca entendió —replica ella alzando la voz con una valentía que me obliga a mirarla de nuevo—, es que me apetecía de verdad hacerlo, pero claro, su autodesprecio era tan alto, que no supo asimilar que una chica como yo pudiera desearle. Y he venido a demostrarle que lo nuestro transciende el físico y el odio, y que estamos hechos el uno para el otro…

Hago caso omiso de las sacudidas de mi corazón y contesto:

—Quiere decir que ha venido con la intención de humillarme por segunda vez y lucirse ante las cámaras con su impresionante faceta de actriz. Porque Sheila es actriz, ¿sabéis?, y de las buenas, os lo digo yo, que lo he sufrido en mis propias carnes… Quizá sea tan buena porque en el fondo es una Mentirosa patológica.

¡Vaya choque de trenes! —advierte la presentadora entusiasmada—. ¡Nada como las viejas rencillas! ¿Conseguirá Sheila convencer a Luis de que sus sentimientos son verdaderos?

«Ni de coña», pienso para mis adentros, pero me muerdo la lengua para no echar más leña al fuego.

—¿Qué pregunta vas a hacerle a Sheila? —me insta Inma, mira por donde, acabo de recordar su jodido nombre…

¿A Sheila? Pfff…

Durante meses me he hecho un montón de preguntas. La más recurrente empezaba con ¿por qué cojones…?, pero esa ya me la contestó su cuenta corriente y su posterior fuga.

Lo que me preguntaba últimamente era cómo… ¿Cómo había sido capaz de jugar así con los sentimientos de alguien como yo? De tener tan pocos escrúpulos… Pero sé que la respuesta no me gustaría y que pondría en evidencia de nuevo mi debilidad por ella. Por sus gestos, por sus fotos, por su compañía, por sus ojos agradecidos y los heridos al insultarme con saña… Por sus mentiras y las que yo me conté sobre ella…

—No quiero preguntarle nada —contesto con serenidad.

—Pero tienes que hacerle una pregunta, como a todas —insiste la presentadora.

—De acuerdo —la corto, seco. Y fijo la vista en mi adversaria—. En la boda de nuestros hermanos me dijiste que querías disculparte… Hazlo ahora… —la reto.

Su forma de mirarme me pone los pelos de punta.

—Es que he cambiado de opinión… ya no quiero pedirte perdón, más bien creo que eres tú el que me tiene que pedir perdón a mí por lo que pasó entre nosotros…

Mis cejas se elevan tanto que creo que van a salirse de mi cara.

Me sorprendo apretando el sofá en el que estoy apoyado. Suerte que el material es resistente o lo rompería. Me hierve la sangre.

—¿Yo a ti? —replico incrédulo.

—Pues sí… —sonríe pilla. Lo que yo decía… «¡Loca de remate!».

«Tranquilo, Luis, el Alien hoy duerme en casa». O en su nave. O en Nueva York… ¡o donde coño quiera que estuviera, pero lejos de mí!

—Gracias, Sheila… —dice la presentadora tirante—. Siguiente…

No la miro cuando pasa por mi lado. Incluso contengo la respiración para no olerla, por si acaso.

Estoy cabreado por muchas cosas a la vez. Sobre todo porque la balanza sea un 40% por su desfachatez y el otro 60% por cómo su presencia alborota mis terminaciones nerviosas.

Estaba seguro de que permanecería fuerte. De que la odiaba. De que nada de lo que dijera conseguiría hacer que dejara de pensar lo peor de ella, pero con dos putas frases, han vuelto las nauseas, la ansiedad y las dudas…

¡No hagas caso, joder…!

Todo lo que sale de su sexi y seductora boca es mentira… ¿no?

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